El arte de las comarcas

Caspar Friedrich: Hombre y mujer contemplando la luna, 1830-1835. Alte Nationalgalerie, Berlín.

“En todas las Exposiciones de Arte Alemán oficiales el género dominante era el paisaje. Era el único género susceptible de cultivarse sin necesidad de adherirse incondicionalmente a las teorías nacionalsocialistas. Por otra parte, se pensaba que era el género en el que el alma alemana podía expresarse mejor. Los vínculos entre el Volk y el paisaje se subrayaban de continuo. El campo era lo propio, lo autóctono. El siglo XIX había fantaseado con una utopía medieval y rural en la que pudieran fundirse hombre y naturaleza. Los nacionalsocialistas recogieron esta idea y la convirtieron en una de las piedras angulares de su filosofía artística. Pero lo que para el pintor del Romanticismo era un ideal, para los pintores del régimen era una realidad. Sus paisajes representaban el Lebensraum de los alemanes, su espacio vital. Este neopaisajismo seguía de cerca la tradición romántica, sobre todo la representada por Caspar David Friedrich y Philip Otto Runge, pintores citados por Hitler en el discurso de inauguración de la Casa del Arte Alemán, y que habían expresado estados de ánimo y sentimientos de añoranza que seducían a muchos ciudadanos aun ajenos al nazismo.”

“El arte alemán pinta la patria y su añoranza. El alma palpita en los cuadros paisajísticos. Se expresa en el idioma patrio, incluso en latitudes foráneas y tierras extranjeras. (…) Cuando se habla alemán, es el alma quien habla. Cuando se habla un idioma foráneo, un esperanto internacional y a la moda, se hace callar el alma. Kurt Karl Eberlein: Was ist deutsch in der deutschen Kunst? (¿Qué es alemán en el arte alemán?). Berlín, 1933; o bien Leipzig, 1934.

“Los paisajes de Werner Peiner compartían con el paisajismo romántico la añoranza del infinito, pero mientras que los paisajes de Friedrich eran imaginarios, los pintados por los artistas del régimen querían reproducir la realidad. En el pensamiento nacionalsocialista, el paisaje era siempre paisaje alemán: “Los pintores de hoy están más cerca de la naturaleza que los románticos. No buscan actitudes ni sentimientos religiosos, sino la realidad existencial básica. Cada paisaje es un fragmento de la patria alemana al que da sentido el alma del artista.” Wilhelm Westecker: Die Kunst im Dritten Reich (El arte en el Tercer Reich), número de Marzo de 1938, página 86.

Peter Adam: Art of the Third Reich (edición española). Tusquets, Barcelona, 1992. Traducción de Antonio-Prometeo Moya. Páginas 129 y 130.

 

““Kein Volk lebt länger also die Dokumenten seiner Kultur!“ (¡Ningún pueblo vive más largo tiempo que los documentos de su cultura!) Habiéndose autoseducido por esta última fórmula, Hitler la hizo grabar dos años más tarde sobre una placa de bronce, destinada a coronar la entrada de la Casa del Arte Alemán. Por el bronce, que debía sobrevivirle, Hitler testimoniaba la verdad eterna de su palabra en la que la prensa supo reconocer “los fundamentos de la creación artística nacionalsocialista”. La frase del Führer ocultaba seguramente otra cosa que la simple prescripción hecha a su pueblo de gozar las nuevas obras del Reich milenario. Ciertamente, sometiéndose a las imágenes que incitaban al acoplamiento productor y al sacrificio heroico, el visitante que penetraba en el santuario del arte alemán se exponía a la experiencia de estos aceleradores de pasiones, que debían renovar el material humano y asegurar la inmortalidad de su pueblo. Pero, inscripta en la entrada misma del templo, esta frase interpelaba a cada uno en su pertenencia a una comunidad mortal, que se sobreviviría sólo colectivamente y en su arte. Ella dejaba sin embargo suponer una verdadera transubstanciación de la comunidad, más allá de su desaparición en masa y su resurrección en masa en el arte, cuando un pueblo salido de la misma sangre pudiera comprenderla de nuevo. Cada uno debía entonces aprender a hacer frente a este destino común, a anticipar su propia muerte individual para construir una vita nova, la vida superior y eterna que animaba al arte de la comunidad.”

Éric Michaud: La estética nazi, un arte de la eternidad. Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2009. Traducción de Antonio Oviedo. Páginas 321 y 322.

“En el lugar entra en juego el congregar, entendido en el sentido del albergar que deja libres a las cosas en su comarca. ¿Y la comarca (Gegend)? La forma más antigua de la palabra es contrada (Gegnet). La palabra da nombre a la libre vastedad. Por ella lo abierto se ve solicitado a dejar que toda cosa se abra en su reposar en ella misma. Pero esto significa al mismo tiempo: preservación, congregación de las cosas en su copertenencia.”

Martin Heidegger: Die Kunst und der Raum (El arte y el espacio). Editorial Herder, Barcelona, 2009. Traducción de Jesús Adrián Escudero. Edición bilingüe, página 25.

Hadrian Bagration

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Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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