La gratitud

Rembrandt van Rijn: San Pablo en la prisión, 1627. Staatsgalerie, Stuttgart.

Desde su calabozo, en cuyas profundidades había jurado perpetuo silencio, el asesino, frondoso prevaricador, estafador e incendiario Donatien Gédéon respondió a sus jueces, antes del amanecer de su suplicio, las líneas que siguen acerca de las razones de sus crímenes, y que sus verdugos, para frialdad de las autoridades de la prisión, extraviarían: “Me propuse, cuando a mis ojos les fue dado descubrir el mundo, en aquella infancia tan breve, transitar todos los paisajes, oír todos los sonidos, recorrer todos los libros, amar a todas las mujeres, trabar amistad con todos los hombres, beber todos los vinos y defender todas las justicias. La prematura vejez en la que moriré me importunó con demasiadas revelaciones: los paisajes están hechos de polvo y de hedor, los sonidos aturden, los libros mienten, las mujeres abruman con su flojera y los hombres con su ímpetu; ambos prometen, desde el primer momento en el que nos resignamos a la miseria del contacto, obstinada decrepitud; acaso esa lealtad sea la única que no quebrantarán. Los vinos amargan la boca  y ni siquiera su sopor es duradero; he despertado tantas veces junto a un sendero sucio yaciendo sobre un cuerpo de hembra o de macho ebrios de aspereza en la voz sólo para oír el tosco ladrar de los perros. Supe que todas las proezas son torpes y que sirven a un mal amo, y que yo sería un mal señor si mi suerte me hubiese confinado a un trono. He descreído de los caminos y de los caminantes, sólo aguardo que ese ateísmo gradual ahogue al mismo Dios. Y es por ello, porque hay tanta fealdad en el mundo, y es éste tan insoportable, que ahora que mi cuerpo colgará de una horca y perderé mi última fe y ganaré mi último sueño, que os agradezco, os agradezco a todos vosotros tanto.”

Hadrian Bagration

Categories: Impurezas

Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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