Once

John Gilbert: Enrique V en Agincourt, 1864. Ilustración para The Complete Works of William Shakespeare, edición de Howard Staunton.
John Gilbert: Enrique V en Agincourt, 1864. Ilustración para The Complete Works of William Shakespeare, edición de Howard Staunton.

La masacre de Once (es culpar a los dioses llamarla tragedia, y los dioses son siempre inocentes) reveló un país, la Argentina, extraño pero predecible: nada ha cambiado, la misma miseria nos rodea y son nuestros destinos manejados a antojo vil por los mismos miserables. Dado que el más de medio centenar de muertes perjudica la reputación del poder, el poder decide acallar el clamor de los deudos a causa de estos asesinatos por negligencia. Dado que quienes viven al calor del poder (léase los miembros de la inculta y veleidosa farándula, el periodismo cómplice y la ignara intelectualidad a sueldo) dependen para sus lujos de dineros públicos conferidos por el poder, eligen el silencio frente a la tristeza y la desazón de los afectados. Dado que al peronismo, en su sempiterno rol de bravucón institucional, no interesan las porciones más débiles de la sociedad sino cuando representan votos, y teme que la persistencia de la sangre en la memoria colectiva dañe su rapacidad para conseguirlos, ordena el olvido. Sólo la indignación de la gente podrá, quizás, derrotar a la desmemoria planificada.

Shakespeare, en Henry V, recreando la jornada de Agincourt, en la que un puñado de arqueros ingleses destruyó, no sin graciosa fortuna, a la flor del ejército francés, hace exclamar a Jean, duque de Bourbon, ante la inconmensurabilidad de la derrota: Shame and eternal shame, nothing but shame. Vergüenza, eterna vergüenza, sólo vergüenza. Jean, duque de Bourbon, poseía, fuera su causa justa o reprochable, honor. Al poder, a este silencioso y malvado poder, nada parecido puede pedírsele.

Hadrian Bagration

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Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

1 Comment

  1. Coincido con HADRIAN. Muchos argentinos – inmersos o nó en el poder – han perdido la noción de la verguenza y la dimensión del honor. Los han reemplazado por uno de los gestos más abominables: el encogimiento de hombros, es decir, la indiferencia.

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