Caracas, martes 5 de Marzo de 2013, 16:25 PM

Konstantin Makovsky: Muerte de Claudio César, ca. 1865. Galería Tretyakov, Moscú.
Konstantin Makovsky: Muerte de Claudio César, ca. 1865. Galería Tretyakov, Moscú.

“Para evitar disturbios en el pueblo, donde comenzaba a extenderse el rumor de la enfermedad repentina de Claudio, Agripina mandó publicar boletines de salud en los que se anunciaba que el emperador había pasado una buena noche y su estado seguía mejorando. Entretanto, Claudio yacía muerto en su lecho, cuidadosamente envuelto en mantas que disimulaban su aspecto mortuorio. La regicida hizo venir incluso a una compañía de mimos, so pretexto de divertir al enfermo, y se vio a los histriones entregarse a sus danzas y bufonadas ante el cadáver del emperador.”

Gérard Walter: Nerón. Versión española de Manuel Cuesta.

“Mors eius celata est, donec circa successorem omnia ordinarentur. Itaque et quasi pro aegro adhuc vota suscepta sunt et inducti per simulationem comoedi, qui velut desiderantem oblectarent.”

“Su muerte se mantuvo en secreto hasta que se hubieran llevado a cabo todos los arreglos respecto de su sucesión. Así, se formularon votos para su mejoría, como si aún estuviese enfermo, y el engaño se prolongó trayendo a cómicos, pretextando que era su deseo el ser divertido por ellos.”

Cayo Suetonio Tranquilo: De Vita Caesarem. Claudio: 45, 1.

“Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.”

“Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.”

Jorge Luis Borges: La trama.

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Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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