El águila sutil: fascismo y populismo en el siglo XXI

Hitler with children propaganda poster WW2Quizás la peor de las formas de entender el fascismo sea a través del trabajo del historiador Ernst Nolte: Der Faschismus in seiner Epoche (El fascismo en su época) es una obra de traspiés seminales, no exenta de convincente ininteligibilidad, juzgada por sus estudiosos como producto de una juvenil fascinación por Hegel. A pesar de disentir con la vulgata del Partido Comunista, con el que nunca simpatizó, Nolte, sin bordear el marxismo, rescataba la calificación de fascista como adjetivo aplicable sólo al espectro de lo que la teoría política crasa denomina la derecha: Charles Maurras, Benito Mussolini, Adolf Hitler. Sin advertir que agrupaba fenómenos políticos distintos de los que, sin embargo, puede afirmarse con tranquilidad que existen puntos en común, Nolte proponía un análisis de Hegel desprovisto de la peligrosa (para sus oponentes) cópula con Marx, pero que coqueteaba con la prédica de sus seguidores: el fascismo, según Nolte, es el movimiento de la negatividad: antiliberal, anticomunista, anticapitalista y antiburgués. No olvidó agregar el nacionalismo y la autarquía económica como ingredientes necesarios y hasta casi suficientes para definir un fascismo. Más tarde revisaría su posición y adoptaría un asiento en las antípodas: el nazismo (epítome del fascismo, de acuerdo a Nolte) era un espejo del comunismo y quizás (no lo aseveró Nolte abiertamente, aunque fue acusado de allegarse al desliz) algo menos pésimo que éste. Es probable que entre ambas márgenes del error hallemos una aproximación al encanto de la exactitud.

Hannah Arendt, tal vez la más apta de las creadoras de una teoría que explique el origen de la monstruosidad política, arguyó en  Elemente und Ursprünge totaler Herrschaft (Elementos y orígenes del régimen totalitario, cuya versión en español se conoce por la traducción directa de su título inglés: Los orígenes del totalitarismo) que no podían excluirse el racismo, el imperialismo y el antisemitismo de la cuna de los regímenes autoritarios. La tesis, aunque original, no carecía de imperfecciones: no hubo, en la era moderna, imperialismo más flagrante que el británico, y sin embargo no puede ser acusada Gran Bretaña de haber pergeñado jamás gobierno fascista; ni siquiera dentro de sus fronteras nacionales se gestó, a excepción de la ridículamente escueta British Union of Fascists de Oswald Mosley, un partido de esa tendencia. El fascismo italiano no descolló por su virulencia antisemita y alguna vez Mussolini se jactó de sus buenas relaciones con la colectividad judía; hasta 1938, época de maridaje entre el fascismo italiano y el nazismo alemán, muchos judíos se hallaban afiliados al partido fascista en Italia. La teoría debía ser revisada, pero Arendt brilló en el sostén de una inestimable posición: incluyó en la lista de regímenes totalitarios al estalinismo, para desmayo de las izquierdas. Era hazaña cargada de todo valor: en 1951, año de aparición de su obra, Stalin aún vivía, nada hacía suponer su cercana muerte y la Unión Soviética aparecía como la potencia destinada a ganar el futuro por sobre las decadentes democracias occidentales. Los partidos comunistas negaban el gulag y justificaban las crueles purgas de la vieja e ingenua guardia bolchevique en años de preguerra como indispensables para el avance de la hermandad universal. Quienes de buena fe propagaron este mensaje sin obtener nada a cambio (a veces su único pago fue la persecución bajo regímenes furiosamente anticomunistas) fueron conocidos más tarde como idiotas útiles. Nadie podrá acusar a Hannah Arendt de haberlo sido.

Arendt dio a luz a sus volúmenes en 1951; Nolte la siguió, tomando un rumbo distinto, en 1963. Tal vez la Historia haya olvidado que el término totalitarismo en tanto hipérbole del fascismo es de raíz liberal; nace en una redacción, producto del fino oficio del periodismo político: aquélla del diario romano Il Mondo, órgano de la democrazia liberale, dirigido por Gioavanni Amendola, a quien probablemente se deba el neologismo hacia 1923, poco después del comienzo del ascenso de Mussolini. Es de agradecer la mención a Richard Pipes, quien la anota en Russia under the Bolshevik Regime: 1919-1924. Amendola juzgó con rapidez el carácter cuasi religioso del fascismo, lo que más tarde se interpretaría con la definición de religión política. Importa aquí resaltar que la identificación del fascismo como régimen diferenciado de una dictadura tradicional es de inspiración liberal, y que es antiliberal su exaltación: totalitario, para Giovanni Gentile, teórico fundador del fascismo italiano y ghost writer de Mussolini, es palabra elogiosa y meta del Estado fascista; controlarlo todo es su razón de ser. No por otro motivo hizo escribir al Duce: Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado. Abundan las definiciones de fascismo según quien comande la definición, pero tengo para mí que la más acertada pertenece a Emilio Gentile: el fascismo es la sacralización de la política (1993). Cerrando el círculo, podemos afirmar en forma salmodiante que para un fascista todo existe dentro de la sagrada política del Estado, nada fuera de la sagrada política del Estado, nada contra la sagrada política del Estado.

tumblr_kpwqb3jeCN1qzavsmo1_500Es preciso hacer aquí una necesaria distinción entre fascismo y totalitarismo: el primero es un totalitarismo larvado, que quizás nunca llegue a florecer; el segundo es un fascismo exacerbado que ha logrado consolidarse de forma brutal o gradual; no en todos los casos el totalitarismo debe recurrir a la sangre para invadir hasta el ático más protegido de la vida de los sufridos ciudadanos. Hannah Arendt opina que la Italia de Mussolini es el típico ejemplo del fascismo, en donde la captación de las voluntades y las instituciones es completa pero no total; la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin son los horrores políticos que tradicionalmente se denominan totalitarismos. Puede que el régimen totalitario mute a otra forma de despotismo: la China de Mao fue un crudo totalitarismo; tras las reformas de Deng Xiaoping viró lentamente hacia una dictadura tradicional de partido único con resabios fascistas; no obstante, la transformación no ha sido constante ni llana: una vez que la categoría de totalitarismo se ha alcanzado, es imposible vencer la tentación de regresar a ella para ajustar cuentas con opositores o competidores políticos. Totalitarismos de solemnidad sobreviven con mejor o peor salud en el nuevo siglo: la Cuba de los Castro, la Corea de Kim Jong-un, el Irán de Alí Jamenei son algunos tristes ejemplos.

La identificación entre Estado y fascismo no puede ser casual: le es imposible imponerse al último sin la poderosa sombra del primero. La calificación de fascista, en su forma más primordial y callejera, es utilizada como errado sinónimo de partidario de la derecha; en términos populares, fueron Ernst Nolte y su pulverización de las categorías políticas quienes ganaron el debate. En rigor de verdad, el fascismo es una forma política que puede asentarse sobre bases económicas diversas; nada impidió que el fascismo se desarrollara y prosperara miserablemente en un capitalismo prebendario y autárquico como la Argentina del primer Perón; nada impidió que el fascismo se desarrollara y prosperara miserablemente en un capitalismo burocrático de Estado, erróneamente considerado un socialismo, como lo fue Unión Soviética. Naturalmente, la izquierda clásica, o aun la posmoderna, que creen, en ocasiones de buena fe, que alguna vez existió el socialismo fuera de los textos, reivindican con ofendida dignidad las envejecidas tesis de Nolte. La economía, para la teoría fascista, es una fuerza de choque que puede utilizarse, siempre bajo tutela estatal, con prescindencia de un plan técnico; bastará que las necesidades de las masas se vean satisfechas, a veces en niveles mínimos, para que la gestión se considere un éxito. La economía, en el fascismo, es una rama secundaria de la política.

Arrepentido de sus opiniones anteriores hacía ya tiempo, Nolte escandalizó una vez más a los ámbitos académicos al publicar, en el año 2000, Der europäische Bürgerkrieg, 1917-1945: Nationalsozialismus und Bolschewismus, llamado en español La guerra civil europea: 1917-1945. Omitiendo su peligrosa pretensión de negar la singularidad del Holocausto y asimilarlo a la época de violencia de masas iniciada por el genocidio armenio (1915-1923), no es osado prestar oídos a su nueva prédica: el nazismo y el comunismo, similares (idénticos, de acuerdo a Nolte), se disputaron no sólo la primacía en Europa sino el lugar desde el que combatir a la democracia liberal, despreciada ferozmente por ambos. El frente oriental en la Segunda Guerra Mundial habría sido, así, una lucha intestina; quien resultara vencedor se adjudicaría la tarea posterior de derrotar al liberalismo. Los Aliados, bien se sabe, contribuyeron en gran medida a la victoria soviética no sólo por razones de realpolitik sino por el grave sentido moral que implicaba la contienda con el nazismo, aseveración negada por el lingüista Noam Chomsky, para quien la Segunda Guerra Mundial fue sencillamente una gigantesca lid entre imperialismos de diversa índole. La interpretación del marxismo vulgar de posguerra identificó a los Aliados occidentales, los Estados Unidos y Gran Bretaña, como potencias imperialistas en poco disímiles a la Alemania nazi, a la que atribuían, no sin malicia, una economía de corte capitalista liberal, decretando que la existencia de conglomerados corporativos en una nación garantiza el carácter liberal del capitalismo.

images (2)La literatura y en mayor medida la cinematografía han contribuido a generar una definición clásica y a la vez un estereotipo del fascismo: masas enfervorecidas, camisas pardas, saludo nazi, Stechmarsch,  hordas uniformadas, campos de concentración, cámaras de tortura, cámaras de gas. Esas imágenes han favorecido una falacia visual: ante la ausencia de las masas y su fervor, el color pardo de las camisas, los brazos levantados en obediente salutación, el paso del ganso, la marea de los ejércitos, los prisioneros políticos, los ayes de dolor y el gaseado, se decreta que no hay razón para temer al fascismo. El fascismo deviene así una cualidad visible y cinematográfica que sólo puede ser detectada por el ojo. Es un craso error: la primera represión que el fascismo desata sobre sus súbditos tiene como objetivo el intelecto y no el sentido de la visión. Épocas pasadas enseñan que la vida bajo los diferentes regímenes fascistas (excepto en períodos de conflagración, y aun así, sólo cuando se avecinaba la derrota) poseía la apariencia de una total normalidad, hasta de una cierta quietud y tranquilidad de ánimo y acción preferibles a tiempos turbulentos en donde se ignora quién se hará con el poder. El fascismo, como las serpientes, sólo muestra su verdadera cara cuando se siente amenazado, sea la causa de la amenaza interior o exterior. Si es interna, el opositor será declarado enemigo de la patria. Si es foránea, un agresor imperialista. Mussolini no hacía sino seguir la teoría de Enrico Corradi acerca de la coacción impuesta por las naciones plutocráticas, como Gran Bretaña, contra naciones proletarias como Italia. El fascismo juega el sutil juego del amigo o enemigo del Estado fascista; los amigos de hoy pueden ser los enemigos de mañana, se trate de países o de personas; nadie debe tener el poder (nadie, excepto el líder y el Estado, deben tener ningún poder) de respirar en paz. Nadie tiene el derecho (nadie tiene ningún derecho) de ser neutral.

Entonces, ¿qué es el fascismo hoy? Hay tantas definiciones como fascistas caminan sobre la tierra, y es dable asegurar que muchos fascistas ignoran que lo son, aun cuando haya quienes nieguen la existencia misma del fascismo, quienes recurran a la vieja definición de Nolte y hasta quienes lo identifiquen con la política exterior de los Estados Unidos o Israel. Quizás la mejor manera de intentar una explicación, una definición (para muchos, una justificación) es examinar las características comunes, la similitud dentro de la diversidad fascista. Nada mejor, para ello, que recurrir a las catorce proposiciones de Umberto Eco sobre el fascismo. Omitiré referencias al artículo 14 points of Fascism, llamado también Fascism, anyone? de Laurence Britts, ya que sólo consiste en una imitación de las proposiciones de Eco, aparecida en la revista Free Inquiry en 2003, con el sólo objeto de criticar el proceder político de la muy criticable administración Bush Jr. Antes de solazarnos con la agudeza de Eco, arriesgaré una interpretación: el fascismo del siglo XXI es el populismo.

El populismo posee sus teóricos, sus exégetas, sus detractores, sus amantes, sus desilusionados, sus suplicantes y sus beneficiarios. Ha sido bautizado cesarismo democrático, dictadura plebiscitada, democracia popular; cada cientista político desea dejar su huella en la historia de las ideas y sugiere un nombre renovado. No sólo el populismo elude definiciones sino que ellas, como sucede con el fascismo, cuando se ofrecen, son contradictorias; ni aun significa igual cosa la palabra española populismo que la inglesa populism. La primera alude a una revolución encarada por un líder carismático en nombre de la voluntad de un pueblo, si nos atenemos a la concepción ofrecida por sus clientes; la segunda, a reformas, progresistas o conservadoras, destinadas a alzarse con votos según el humor popular del momento. En español, idioma de la pobreza, en su mayor parte, el término destila ecos épicos; en inglés, lengua, por estos instantes, de la abundancia, despide un tufillo a oportunismo. Las formas políticas también se rinden ante laberinto semántico. No es en vano que Juan José Sebreli apunte en Los deseos imaginarios del peronismo (1983) que otros dos idiomas en los que restalla la palabra populismo sean el alemán (völkisch) y el ruso (Народничество [naródnichestvo]), naciones en las que el fascismo alcanzó cotas totalitarias. Si el fascismo es la antesala del totalitarismo, el populismo es el estadio de aprendizaje del fascismo, el momento político en el que todavía es demasiado débil o incipiente como para intentar una deglución de la sociedad. En la complejidad del mundo político, estas etapas son borrosas, difusas, imprecisas y siempre dolorosas. Deberíamos, entonces, hablar de una forma impura de dominación ideológica, una estafa política que podría denominarse, sin desmedro de otras interpretaciones y sugerencias, fascismo-populismo.

Según el prólogo a su libro Cinco escritos morales, Umberto Eco pronunció el 25 de Abril de 1995 en la Columbia University of New York una conferencia con motivo de los cincuenta años de la insurrección general de la Italia del Norte y la caída de la Europa fascista. Denominó a esa conferencia El fascismo eterno; fue publicada en traducción inglesa en la New York Review of Books en Junio de ese año como Eternal Fascism; en el número de Julio-Agosto de 1995 de la  Rivista dei Libri apareció como Totalitarismo fuzzy e Ur-fascismo. Eco utiliza el prefijo ur- en su correcta acepción germánica: primitivo, original, ancestral; por extensión, eterno, imperecedero:

chinese-propaganda-posters-01“Il Fascismo è diventato un termine che si adatta a tutto perché è possibile eliminare da un regime fascista uno o più aspetti, e lo si potrà sempre riconoscere per fascista. Togliete al Fascismo l’ imperialismo e avrete Franco o Salazar; togliete il colonialismo e avrete il Fascismo balcanico. Aggiungete al Fascismo italiano un anti-capitalismo radicale (che non affascinò mai Mussolini) e avrete Ezra Pound. Aggiungete il culto della mitologia celtica e il misticismo del Graal (completamente estraneo al Fascismo ufficiale) e avrete uno dei più rispettati guru fascisti, Julius Evola. A dispetto di questa confusione, ritengo sia possibile indicare una lista di caratteristiche tipiche di quello che vorrei chiamare l’ Ur-Fascismo, o il Fascismo Eterno. Tali caratteristiche non possono venire irreggimentate in un sistema; molte si contraddicono reciprocamente, e sono tipiche di altre forme di dispotismo o di fanatismo. Ma è sufficiente che una di loro sia presente per far coagulare una nebulosa fascista.”

“El fascismo se ha convertido en un término que se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos, y siempre se lo podrá reconocer como fascista. Quiten del fascismo el imperialismo y tendrán a Franco o a Salazar; quiten el colonialismo y tendrán el fascismo balcánico. Añadan al fascismo italiano un anticapitalismo radical (que de ninguna manera fascinó a Mussolini) y tendrán a Ezra Pound. Añadan el culto a la mitología céltica y el misticismo del Grial (completamente ajeno al fascismo oficial) y tendrán a uno de los más respetados gurúes fascistas, Julius Evola. A despecho de esta confusión, confío en que sea posible especificar una lista de características típicas de aquello que yo llamaría el Ur-fascismo o el fascismo eterno. Tales características no pueden ser reglamentadas en un sistema; muchas se contradicen y son típicas de otras formas de despotismo o de fanatismo. Pero es suficiente con que una de ellas esté presente para conformar una nebulosa fascista.”

1) La prima caratteristica di un Ur-Fascismo è il culto della tradizione.

La primera característica de un Ur-fascismo es el culto a la tradición.

El fascismo-populismo no posee tradición, por ello debe crearla. Esa invención es muchas veces torpe, pero eso no obsta a su efectividad: en Argentina los populistas afirman recoger la tradición de Perón y su segunda mujer, o, peor aún, de Rosas. En Venezuela, antes de la muerte de Hugo Chávez, la tradición era Bolívar y una exótica concepción del socialismo; hoy la tradición es Chávez. Sucede lo mismo en la Argentina desde el deceso de Néstor Kirchner. Así como el líder hace historia en vida, al morir es convertido en Historia de inmediato y desde ese panteón emana discurso. La reivindicación constante a un pasado glorioso que llevará a un futuro glorioso ayuda a soportar el presente árido; desde el purgatorio se promete el cielo y se consigue el infierno. Eco hace referencia a la cultura sincrética del fascismo (piénsese en el carácter versátil del peronismo): se abreva en todas las tradiciones asequibles, desde el Cristo obrero, Espartaco y Arminio hasta la Rerum Novarum, Herder y Lenin; desde esa partida se mezclan y reinterpretan ad nauseam los ingredientes, pero se rechazan las novedades. El fascismo-populismo es la gesta pretérita.

2)   Il tradizionalismo implica il rifiuto del Modernismo.

El tradicionalismo implica el rechazo de la Modernidad.

La Modernidad barrió con las formas medievales de distribución del poder y la riqueza; fue burguesa y liberal, aun cuando desconociera en un principio el significado elusivo de ambos términos. Marx, crítico de la Modernidad, era sin embargo entusiasta defensor de ella y aun su hijo; el Manifiesto Comunista no es otra cosa que un intento de corrección de las promesas incumplidas de la caída del Antiguo Régimen y la superación, tal vez ilusoria, del statu quo de la Modernidad en el siglo XIX por una versión mejorada. El tradicionalismo (léase el fascismo, léase el populismo) significa, por el contrario, una regresión: el líder es el renacimiento de la figura del monarca, aun del monarca absolutista, y su régimen es un despotismo, nunca ilustrado. La raíz del populismo se encuentra, al igual que la del fascismo, en la reacción contra la Ilustración que impulsaran el romanticismo alemán y el eslavismo ruso, y también, de seguir a Darrin McMahon (Enemies of the Enlightenment: The French Counter-Enlightenment and the Making of Modernity, 2002), el movimiento francés de los anti-philosophes, los enemigos y perseguidores de Voltaire. Si la Ilustración surgió en Francia, es lógico, aunque lamentable, que la resistencia a ella brotara asimismo de allí.

3) L’ irrazionalismo dipende anche dal culto dell’ azione per l’ azione.

El irracionalismo depende también del culto de la acción por la acción.

2461623176_40e02cece8_zEl populismo desconfía de los intelectuales, más aun si ha llegado al poder. Los escasos pensadores favorables al fascismo-populismo son de producción deplorable y no merecen siquiera mención. La razón de esta carencia es el desprecio del fascismo-populismo por la contemplación y la reflexión: el culto de la acción pura, heredado del fascismo del siglo XX, llama a las masas al rugido y a las vanguardias al vandalismo cuando su hegemonía se siente bajo amenaza. El populismo deviene así una forma desembozada de gangsterismo político. Sin embargo, una vez pasado el peligro, el fascismo-populismo buscará la mansedumbre popular y castigará la acción sin permiso ni fundamento emanado del poder. El pueblo, para el fascismo-populismo, debe ser una bestia amaestrada en estado de perpetua obediencia. Eco anota: “La desconfianza respecto del mundo intelectual siempre ha sido un síntoma del Ur-fascismo, desde la simpatía de Hermann Goering por la frase tomada de una obra de Hans Johst (“Cuando oigo la palabra “cultura” saco el revólver.”), hasta el uso frecuente de la expresión “intelectuales degenerados”.” El único tipo de intelectual que el populismo acepta tolerar es el intelectual orgánico, el permanente justificador de las decisiones gubernamentales, al que denomina, no sin cursilería, intelectual revolucionario, en oposición al malvado intelectual burgués. Invariablemente, el intelectual revolucionario es un mercenario de la pluma que escribe y publica bajo la supervisión flagrante o disimulada del poder, no sin recibir abultados emolumentos a cambio.

4) Nessuna forma di sincretismo può accettare la critica.

Ninguna forma de sincretismo puede aceptar la crítica.

Para el fascismo-populismo, como lo fue para el fascismo, el disenso es traición. La única opinión válida es la formulada por el líder; su palabra es la ley, y si cambia por razones de táctica o necesidad, la opinión de los seguidores deberá renovarse con idéntico fervor. Una sencilla anécdota ilustrará esta tragicómica práctica: en Buenos Aires, el fascismo-populismo intenta avanzar sobre el Poder Judicial a través de una serie de leyes de insolente calaña autoritaria. Encuentra un escollo en un  dirigente político, presunto columnista de un periódico de la prensa adicta, quien aduce que ciertas características del proyecto no responden a la voluntad de la Presidente. En otras palabras: la ley no es mala porque es deficiente o no responde a los postulados de la república o es técnicamente réproba o desoye a la Constitución, sino porque contraría, supuestamente, el verdadero deseo de la líder. Los teólogos del populismo se disputan la preeminencia en la fidelidad a la corona, para la cual, en ocasiones, roban.

5) Il disaccordo è inoltre un segno di diversità.

El desacuerdo es además signo de diversidad.

Eco postula la explotación del miedo a la diferencia por el Ur-fascismo; en su interpretación, es uno de los sostenes del racismo en regímenes como el fascismo alemán; la necesidad de un consenso forzoso se explicita en la reafirmación del sentido de pertenencia como signo de honor, en algunos casos, a una raza, en otros, a un movimiento. El último dilema es peor: no puede un individuo dejar de pertenecer a su grupo étnico, pero puede (y debe, según el fascismo-populismo) mudar su modo de pensar e integrarse a la revolución, fuera de la cual no hay política, ni pensamiento ni acción, sólo represalias. El fascismo-populismo no se reconoce partido; es decir, parte de la sociedad, sino movimiento, es decir, el todo de la sociedad que avanza. Tras los límites quedan los plutócratas u oligarcas, los traidores, los excéntricos, los antisociales (término favorito del castrismo), los reaccionarios y los estúpidos. Si el disenso constituye traición, el simple desacuerdo es herejía.

6) L’ Ur-Fascismo scaturisce dalla frustrazione individuale o sociale.

El Ur-fascismo deriva de la frustración individual o social.

propaganda-peronistaDesde una visión marxista vulgar, el fascismo es la desesperada reacción de la pequeño-burguesía (en términos legos, la clase media) contra el ascenso de la clase obrera. Se trata, por supuesto, de una perspectiva anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando las masas obreras constituían, de acuerdo al marxismo, un sujeto histórico de peso. A pesar de esta sagaz afirmación, los teóricos del marxismo de entreguerras quedaron atónitos ante el creciente apoyo de la clase trabajadora a los regímenes de Mussolini y de Hitler; por extensión, y a raíz también de la cooptación del sindicalismo independiente, sucedió igual cosa con el peronismo. La razón es simple, aun cuando no quepa en los cálculos de los deficientes seguidores de Marx: el fascismo y su sucesor, el fascismo-populismo, gozan durante una primera etapa de un período de esplendor económico que corre a reparar injusticias sociales e inequidades de clase que son producto de la torpeza de administraciones anteriores; por ello, y contra la opinión del liberalismo dogmático, cada centavo que se invierta en acción social previene el posible surgimiento de un nuevo Mussolini, un nuevo Hitler o un nuevo Perón; también el de un nuevo Castro o un nuevo Chávez. La democracia es, ante todo y debido a la pobreza de la condición humana, hija de la prosperidad. Sin previo descontento, los líderes autoritarios son sencillamente inviables; sin el hundimiento de la República de Weimar a causa del crack de 1929 Adolf Hitler sería recordado hoy sólo como un bufón tenaz. La captación de las clases populares, e incluso de la pauperizada clase media, por el populismo, es el resultado de la dilapidación en medidas clientelistas de la capacidad ociosa del capital público; no hay vez que esas distribuciones temporarias no produzcan éxitos electorales, que legitimarán al proyecto fascista-populista. Obvio es consignarlo, la alegría popular no es de larga duración: apenas se agotan los recursos del Tesoro, comienza la crisis económica, acontece la retirada del apoyo electoral y el fascismo-populismo debe recurrir a la intimidación, la represión y el fraude para retener el poder; el romance del dictador con su plebe ha terminado.

7) A coloro che sono privi di una qualunque identità sociale, l’ Ur-Fascismo dice che il loro unico privilegio è il più comune di tutti, quello di essere nati nello stesso paese.

A aquéllos que son privados de cualquier identidad social, el Ur-fascismo dice que su único privilegio es el más común de todos, aquél de haber nacido en un mismo país.

Fácil es relacionar al fascismo con el nacionalismo, sencillo es ligar el nacionalismo al fascismo-populismo, pero el estilo del nacionalismo populista es de un tenor ligeramente diferente: se trata de un nacionalismo ahistórico: si bien es irredentista en cuanto a la exigencia de la devolución de territorios que estima suyos como manera de movilizar la emoción de la población, la división de amistades y enemistades no depende de conflictos añejos o cuestiones estratégicas, sino de la conformación de una internacional populista: cualquier nación que deba soportar un gobierno afín al fascismo-populismo es una nación automáticamente considerada aliada; cualquier nación que disfrute de un gobierno actuante en oposición al fascismo-populismo es un enemigo potencial; en el espacio latinoamericano, el lebensraum populista es denominado la Patria Grande. El fascismo-populismo rescata la idea fascista de Corradi de dividir a los países en plutocráticos y proletarios, sólo que ahora utiliza adjetivos distintos para el mismo fenómeno: naciones revolucionarias o liberadas y naciones imperialistas u opresoras. Los súbditos del Estado fascista-populista deben sentirse agradecidos de habitar suelo propicio para la libertad de los pueblos, aunque ese galardón, las más de las veces, es útil únicamente para incentivar la emigración.

8) I seguaci debbono sentirsi umiliati dalla ricchezza ostentata e dalla forza dei nemici.

Los seguidores deben sentirse humillados ante la riqueza ostentosa y la fuerza del enemigo.

El fascismo-populismo se presenta a sí mismo como valeroso; de acuerdo a ello, escogerá enemigos de fuste: Washington, Londres, la Unión Europea, el sionismo, sus sicarios internacionales, sus aliados en el seno de la nación que responden a intereses extranjeros. El objetivo del fascismo-populismo es la cooptación de todos los poderes e instituciones; observa con afrenta el hecho de que haya quienes no se le sometan. Espoleará a sus partidarios para que exijan los dineros malhabidos de empresas, medios, sindicatos, asociaciones, individuos. Los lujos de los que el pueblo se priva no son producto, según el fascismo-populismo, de la pésima administración económica o del aislamiento internacional, sino de la rapacidad de los adversarios. Fomentará el uso de un arma que, bien empleada, resulta letal: el resentimiento, esa disposición del ánimo que prefiere la ruina ajena a la prosperidad propia.

9) Per l’ Ur-Fascismo non c’ è lotta per la vita, ma piuttosto vita per la lotta.

Para el Ur-fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien se vive para la lucha.

2b308cfa35260cf103b23f0369f1622fEl fascismo-populismo es la ideología de la construcción permanente del enemigo. No se trata de un enemigo de clase, de una filosofía adversaria o de una institución opositora; amigo, por definición, es quien se aviene a aliarse o someterse; enemigo es quien no lo hace, poco importan el grado de cercanía o similitud en lo meramente programático. El fascismo-populismo es esencialmente cortoplacista, una suerte de Don Juan de la política: sus amores y sus odios sobreviven lo que dura la conveniencia. Recuérdese el acercamiento inicial de Hitler a la Unión Soviética (el pacto Molotov-Ribbentrop de 1939 que permitió la invasión de Polonia por los alemanes, y una quincena después, por los soviéticos), el apoyo mendigado por Castro en primera instancia a los Estados Unidos, la aproximación de Néstor Kirchner a conglomerados de medios de los que luego abominó. La erección constante de un enemigo es imperiosa en el fascismo-populismo, que en este respecto supera con creces las sinuosidades del fascismo original, ya que su ideología básica es precaria y se sostiene esencialmente en el entusiasmo del combate y la promesa de la destrucción de las cadenas que oprimen a las masas a las que el fascismo-populismo dice venerar. Además de combatir al enemigo, el fascismo-populismo exige que se lo haga apasionadamente, sin vacilaciones ni misericordia; cualquier intento de conciliación es censurado como una claudicación y castigado de acuerdo a la magnitud de la ofensa. Como el gobierno fascista-populista se considera a sí mismo sagrado órgano del Estado y aspira a la suma del poder público, el tamaño de la transgresión es enorme. Quienes abandonan el campo fascista-populista voluntaria o involuntariamente lo hacen para no regresar, en ocasiones para no regresar con vida.

10) L’ elitismo è un aspetto tipico di ogni ideologia reazionaria, in quanto fondamentalmente aristocratico.

El elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria, ya que es fundamentalmente aristocrático.

El fascismo-populismo posee una taxonomía de hierro, una ley de jerarquías que comprende desde el humilde simpatizante sin relación alguna con el poder fáctico hasta el líder supremo, con numerosas escalas intermedias: los militantes de base, que distribuyen dádivas y proveen votantes, y que son a su vez supervisados por militantes más antiguos de rango superior, que son, a su turno, comandados por dirigentes ya cercanos al poder político más tradicional; esa forma de organización es un remedo aceitado de un ejército, lo que supone también un rígido sistema de premios y castigos a causa de logros o incumplimientos. Los partidarios más destacados o mejor relacionados son remunerados con cargos públicos e inclusión en los primeros lugares en las listas de los comicios, sin que pueda ser cuestionada su idoneidad. Reaparece la figura del idiota útil, aquél que está sinceramente convencido de las bondades del fascismo-populismo y defiende la acción del gobierno sin recibir estipendio, pero a medida que el régimen comienza su desgaste y se ve obligado a permanecer por la fuerza, deviene una especie en extinción. El fascismo-populismo no sólo divide a la sociedad en amigos y enemigos, sino entre privilegiados y perjudicados, es decir, simples mortales que deben subsistir por sus propios medios. Pasar a formar parte de la casta superior es tarea nada sencilla: pocos son los sitios disponibles y muchos los ambiciosos. Dado que la manera más práctica y expeditiva de remunerar la fidelidad ciega es el empleo estatal, los fascismos-populismos engrosan las filas de los estamentos municipales, provinciales y nacionales a niveles astronómicos. La impagable cuenta que se deriva de esta costumbre debe ser costeada por el grueso de la ciudadanía bajo el carácter de una galopante inflación, que no es otra cosa que el precio de mantener a esta aristocracia parasitaria. Si el fascismo y el totalitarismo primordiales constituían élites no tradicionales que se afanaban en reemplazar a las clases dirigentes típicas de una nación a perpetuidad, puesto que no consentían en abandonar el poder y se abocaban a la transformación del Estado para ese fin, el fascismo-populismo es una contra-élite, un lugar en el que se deposita la hez de la sociedad apresurada por obtener una parte del botín de manera rauda y tosca, ante el riesgo de ser desplazados por un rival político o la inminencia de una posible caída del régimen. Así, es evidente comprobar la existencia en sus huestes de figuras de la farándula, del deporte, del hampa; colosales mediocridades que no hallarían sitio en un sistema regido por la virtud del mérito.

11) In questa prospettiva, ciascuno è educato per diventare un Eroe.

Desde esta perspectiva, cada quien es educado para convertirse en Héroe.

Así como no existen patricios sin plebeyos, no hay revoluciones sin héroes, aun cuando la revolución sea una fábula y el héroe una parodia. El fascismo-populismo, al sacralizar la política, hace de cada miembro del partido un proyecto heroico que puede desembocar en el asesinato o el martirio si la causa lo requiere. El fascismo-populismo detesta las formas políticas burguesas, con sus dilatados debates parlamentarios en donde las partes exponen sus argumentos y contrastan propuestas; si pudiera, arrearía con el Parlamento y con los legisladores, aun los de su propia facción, y gobernaría por decreto. Pero no olvida que ha sido legitimado en una elección y que debe cooptar a la institución legislativa, no arrasar con ella, a pesar de que esto le suponga un esfuerzo a su corta paciencia. Los cuadros políticos que el fascismo-populismo prepara son ideológicamente irritables, inflamados de retórica revolucionaria, de muy estrecha frontera entre el discurso incendiario y la acción directa. La severidad del fervor da apariencia de honestidad; un examen más riguroso de las vidas privadas de los encendidos panfletarios revela, sin embargo, una propensión al lujo que la ascética verba de la vigilia no hace sospechar. El heroísmo del fascismo-populismo es un producto para consumo mediático.

12) Dal momento che sia la guerra permanente sia l’ eroismo sono giochi difficili da giocare, l’ Ur-Fascista trasferisce la sua volontà di potenza su questioni sessuali.

Dado que tanto la guerra permanente cuanto el heroísmo son juegos difíciles de jugar, el Ur-fascista transfiere su voluntad de poder a las cuestiones sexuales.

meposters-0002-059_thumbEl fascismo-populismo es, casi invariablemente, conservador en materia erótica. Los totalitarismos desbocados son furibundamente misóginos y homofóbicos, baste recordar el ejemplo cubano, en donde existieron campos de concentración para la reeducación de homosexuales. El nazismo decretó su condena a muerte y los recluyó en campos de exterminio y relegó a la mujer a las tres K: Kinder, Küche, Kirche (niños, cocina, iglesia). Richard Bosworth (Mussolini’s Italy: Life Under the Dictatorship, 2005) relata que Mussolini, tal como obra hoy el vergonzante presidente iraní Majmud Ajmadineyad, negaba que en Italia pudiera existir, bajo el régimen fascista, un solo homosexual. En los totalitarismos del Este la homosexualidad era considerada una enfermedad burguesa. Una excepción a esta regla es el peronismo kirchnerista, el que impulsó una ley de matrimonio igualitario y de identidad para personas transgénero. La explicación es harto sencilla: luego de la derrota en las elecciones legislativas de 2009, el peronismo temió sufrir arranques de debilidad y buscó posicionarse como movimiento progresista en un país, la Argentina, en el que las clases dirigentes tradicionales, aunque liberales, son sexualmente conservadoras y las instituciones, incluida la Iglesia católica, mantienen con el homosexual una relación tensa. La promulgación de esa ley sirvió al peronismo para posar como propulsor de las libertades sexuales, cuando en su plataforma política ese proyecto no existió jamás y había perdurado en el poder por siete años sin que la idea cruzase su horizonte político. La concesión oportunista es parte integral de la táctica populista. Pocos recordarán que por ley celebrada por el gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires, Domingo Mercante, en 1946, por causa de indignidad se prohibía votar a los homosexuales, aun cuando fuera dificultoso reconocerlos. Tal ley no fue derogada sino en 1987, en el radicalismo tardío (la fuente es Juan José Sebreli: Historia secreta de los homosexuales en Buenos Aires, 1997). Richard Washburn Child, biógrafo y admirador de Mussolini, escribió en el prefacio de su obra en dos volúmenes una oda al oportunismo politico: “Opportunist is a term of reproach used to brand men who fit themselves to conditions for the reasons of self-interest. Mussolini, as I have learned to know him, is an opportunist in the sense that he believed that mankind itself must be fitted to changing conditions rather than to fixed theories, no matter how many hopes and prayers have been expended on theories and programmes.” (“Oportunismo es un término peyorativo utilizado para etiquetar a aquéllos que se adaptan a las circunstancias por razones egoístas. Mussolini, según yo lo he conocido, es un oportunista en el sentido de que es la humanidad misma la que debe adaptarse a las condiciones cambiantes en lugar de a teorías prefijadas, no importa cuánto se ha esperado y rogado para que esas teorías y programas funcionen”). Y agrega que el propio Mussolini le confió: The sanctity of an ism is not in the ism; it has no sanctity beyond its power to do, to work, to succeed in practice. It may have succeeded yesterday and fail to-morrow. Failed yesterday and succeed to-morrow. The machine first of all must run! (“La santidad de un ismo no reside en el ismo; no es sacrosanto más allá de su capacidad de hacer, de funcionar, de tener éxito en la práctica. Puede haber sido exitoso ayer y fracasar mañana. Haber fracasado ayer y tener éxito mañana. ¡La máquina antes que nada debe poder andar!”). En Venezuela, por el contrario, el chavismo es firmemente homofóbico al punto de hacer correr el rumor de que el jefe de la oposición y Presidente electo aunque no reconocido, Henrique Capriles, es homosexual, para restarle votos entre la población prejuiciosa.

13) L’ Ur-Fascismo si basa su di un populismo qualitativo.

El Ur-fascismo se basa en un populismo cualitativo.

Quizás sea éste el aspecto más curioso del fascismo-populismo: en sus comienzos, cuando ha recién arribado como salvador de la patria y goza del consenso de las mayorías, el fascismo-populismo se muestra legalista: su poder se basa en el caudal de votos y todas las medidas que tomará se fundamentarán en mantener el grosor de ese caudal por el mayor tiempo posible. El desgaste del ejercicio del poder, más aun si se lo opera en forma horrorosa, va restando lenta y resolutamente adherentes a la causa. Aumenta el número de los desilusionados, los arrepentidos, los cabizbajos, los  que rumian su furia en silencio. Cuando el populismo advierte que ha perdido el favor de las mayorías, su postura cambia de legalista a legitimista: es fiel depositario del poder popular ganado en limpias elecciones y no habrá fuerza sobre la Tierra que lo mueva a cambiar el rumbo de su política. No considerará válidas las manifestaciones populares en su contra, no importa cuán masivas, ni denuncias, revelaciones, impugnaciones, amparos, gritos, ruegos. Utilizará cualquier subterfugio legal, que posiblemente haya negado a sus adversarios, para lograr el propósito de permanecer en el centro de la escena. Detrás de este accionar se halla la endeble convicción que inculca a sus partidarios: la voluntad populista, aun cuando ya minoritaria, es superior a la voluntad popular que alguna vez  la apoyó; de algún modo el fascismo-populismo siente que el respaldo del pueblo, una vez obtenido, no puede ser retirado; la población ha emitido un voto contractual vitalicio del que sólo un ingrato traidor podría renegar. Es el instante exacto en donde el fascismo-populismo comienza a desprenderse de su hábito populista y se calza el oscuro sayo del fascismo. Dylan Riley, escribiendo sobre Giovanni Gentile, lo acusa con justicia de querer denominar al fascismo democracia autoritaria, en donde es el poder quien le indica al pueblo quién debe ganar la elección, ya que el poder decide quiénes merecen ser protegidos por él, en tanto una sociedad fascista-populista rechaza la igualdad de los ciudadanos al discriminarlos según su ideología y condena al ostracismo social, laboral, económico y hasta físico a los no fascistas. Es el tiempo del fraude, la violencia, la intimidación y la amenaza. Los últimos años del primer peronismo, la actualidad del chavismo y del peronismo kirchnerista, entre otros tristes ejemplos,  han transitado y transitan esa vía amarga.

14) L’ Ur-Fascismo parla la Neolingua.

El Ur-fascismo utiliza la Neohabla.

images (3)George Orwell dedica un apéndice de 1984 a referirse al Newspeak, el lenguaje oficial del Ingsoc, el imaginario socialismo inglés que se había tornado gobierno totalitario en Oceania:  la Neohabla separa a un término de su significado, vacía el concepto y, de acuerdo a la necesidad, o bien lo elimina o bien lo reduce a una sinonimia por reflejo. Así, en los fascismos-populismos, opositor equivale a burgués, traidor, idiota o reaccionario. Una empresa es una corporación, vocablo al que se le asigna un aura siniestra; forzando la norma, una corporación es una asociación ilícita. Exprópiese, en el chavismo, es una palabra de connotación cuasi religiosa con la que se exorciza el carácter explotador de una entidad capitalista. El vocabulario del fascista-populista se compone de retazos de jerga, a veces apocopados, para sonar a tono con los tiempos tecnológicos y resultar más agradable a la juventud: la opo es la oposición, la corpo es el conjunto de empresas con intenciones antipopulares, destituyente es cualquier comentario crítico que se alce tímidamente para cuestionar la gestión. Ciertos términos son acompañados por un adjetivo o un sustantivo adjetivado del que no deben ser separados: la oligarquía es la prostituta oligarquía, la democracia es la democracia burguesa, y así. La ironía de Borges hubiera podido componer alguna corta pieza literaria acerca de estas kenningar del subdesarrollo. Orwell pudo haber encontrado inspiración para su Newspeak en la obra de Victor Klemperer: LTI – Lingua Tertii Imperii: Notizbuch eines Philologen de 1947 (El idioma del Tercer Reich: Apuntes de un filólogo). En Septiembre de 2002, Václav Havel pronunció un discurso en la Universidad de Florida en Miami en el que se refirió a la Neohabla de la esfera comunista: “Pienso que uno de los instrumentos más diabólicos del avasallamiento de los unos y del embelesamiento de los otros es el especial lenguaje comunista. Es un lenguaje lleno de señuelos, esquemas ideológicos, flores retóricas y estereotipos idiomáticos; un lenguaje capaz, por una parte, de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad o a las que no hayan tenido que vivir en ese mundo manipulado por ese lenguaje, y, al mismo tiempo, un lenguaje capaz de despertar en otras personas el miedo y el terror, obligándolas a disimular permanentemente. También en mi país hubo generaciones enteras de personas que se dejaron desorientar por ese lenguaje lleno de bonitas palabras sobre la justicia, la paz, la necesidad de luchar contra los que, supuestamente en interés de las fuerzas del mal, se oponen al poder que utiliza ese lenguaje. La gran ventaja de ese lenguaje es que todo está enlazado en firmes acoplamientos mutuos de un sistema cerrado de dogmas que excluyen todo lo que no encaja en él. Cualquier idea un tanto original o independiente, igual que la propia palabra que no se utiliza en el lenguaje oficial, se encasilla en la correspondiente categoría de subversión ideológica, incluso antes de ser pronunciada. La red de dogmas que justifican cualquier arbitrariedad del poder suele tener la forma de una utopía, es decir, la de una construcción artificial del mundo que contiene en sí, automáticamente, toda una gama de razones de por qué es preciso oprimir, prohibir o aniquilar cualquier cosa que rompa con los moldes o que sobresalga, y, todo ello, en aras de un futuro más feliz. Es cómodo aceptar este lenguaje, creer en él o por lo menos amoldarse a él. Es muy difícil mantenerse firme, por mucho que esté cien veces presente el sentido común, pues eso significa rebelarse contra el lenguaje del poder o simplemente no emplearlo. El sistema de persecuciones, prohibiciones, denunciantes, elecciones de participación obligatoria, delación, censura, sistema al que siguen los campos de concentración, va envuelto en un hermoso lenguaje que no vacila en denominar a la esclavitud una forma superior de libertad, al pensamiento independiente una servidumbre al imperialismo, al espíritu de iniciativa humana una pauperización de los otros y a los derechos humanos un invento de la burguesía.”

Hasta aquí las catorce proposiciones de Umberto Eco sobre el fascismo inmarcesible. Creo necesario, cediendo a un lapsus de soberbia, añadir dos más: En primer lugar, el fascismo, y su legítimo heredero, el fascismo-populismo, son mesiánicos: aunque, de acuerdo a la primer proposición de Eco, el Ur-fascismo es tradicionalista, sin negar este aserto, bien puede decirse que es mesiánico a la vez, lo que confirma su carácter sincrético y contradictorio: ha llegado para reavivar la tradición de la voluntad popular, pero sólo bendecido y aprobado desde la altura del líder. Nada aterroriza más al fascismo-populismo que el pueblo que ha tomado conciencia de su poder. Esa oscilación entre el culto a la tradición y el culto al mesías produce fracturas dentro del ámbito cortesano del fascismo populista, banderías que reivindican la validez de una postura por sobre la otra, del líder y de quienes compiten entre sí para desplazar palaciegamente al líder, aun cuando es la táctica oportunista la que  otorga el triunfo según la necesidad del momento; son roces que quedan acallados por la común recurrencia a la rapiña. En segundo lugar, el Ur-fascismo y el fascismo-populismo son  juvenilistas: las organizaciones juveniles son el perfecto caldo de cultivo de mentes desprovistas todavía de defensas intelectuales; el objetivo máximo del fascismo-populismo es permanecer en el poder hasta que se haya completado un cambio generacional y exista una flamante camada humana que no conozca otro estado de cosas y esté dispuesta a inmolarse para defender un régimen que sus padres temieron y detestaron. No hay fascismo o totalitarismo que no haya creado al menos una organización juvenil de pertenencia obligatoria o altamente recomendable, desde Hitler a Castro, desde la Opera Nazionale Ballila de Mussolini o la Unión de Estudiantes Secundarios de Perón a La Cámpora de los Kirchner. Esta lista de miserias no es exhaustiva y podría continuar indefinidamente: culto a la personalidad (exacerbado por el alcance infinito de los medios de comunicación), corrupción rampante, clientelismo descarado, explotación cruel de la pobreza, y un extenso y sollozante etcétera.

¿Cómo librarse del fascismo-populismo, cómo acabar con la pesadilla? Fácil es ingresar y muy difícil salir del sueño totalitario: basta una mala decisión electoral para instalar en el poder a una banda delictiva cuya meta es permanecer y enriquecerse y no retroceder ante nada para conseguirlo. Cuentan con la complicidad, por acción u omisión, por temor o por ventaja, de empresarios prebendarios, intelectuales de pacotilla, comunicadores asalariados, militares enriquecidos por el narcotráfico. Orwell escribió que quien controla el presente controla el pasado, y que quien controla el pasado controla el futuro. Parafraseándolo, puede afirmarse que quien controla el poder controla el Estado, y quien controla el Estado controla al pueblo. La lección que estos silogismos deben dejar es que la pequeñez del Estado es garantía de su incapacidad de hacerse con el control de la nación; todos cuantos han agrandado desmesuradamente al Estado lo han hecho con el fin, confeso o no, de utilizarlo como instrumento de dominación.

El fascismo, históricamente, ha caído por presión externa o por un serio descalabro interior que ha contado con colaboración internacional o con la imposibilidad de refugiarse en el apoyo de una potencia dominante que consiga desacelerar el derrumbe, según los casos germano-oriental y rumano. La Guerra Fría, que culminó con la derrota del fascismo comunista, fue, al fin y al cabo, una guerra, a pesar de que el campo de batalla no se hallaba geográficamente delimitado; la Unión Soviética fue superada en las áreas logística y económica y el fascismo comunista fue reemplazado por el fascismo-populista de los antiguos jerarcas del Partido Comunista devenidos veloces multimillonarios. Setenta años de totalitarismo comunista no pueden ser borrados en apenas una generación.

pelicula_nestorEl ciudadano común, ajeno a la estrategia política, desesperanzado ante elecciones que falsean los resultados, apartado y justificadamente temeroso de enfrentarse a la violencia estatal, posee sólo dos armas: la denuncia y la desobediencia. Denuncia permanente de los abusos y delitos que comete el poder, desobediencia en todos los actos de la vida civil: no lo haré, no colaboraré, no contribuiré. La idea pertenece a Étienne de la Boétie, aquel buen amigo de Montaigne, y quizás su protegido y amanuense: “Para él (escribe Llewellyn Rockwell) el gran misterio de la política es la obediencia al gobernante. ¿Por qué razón la gente acepta ser saqueada y oprimida por caudillos? No es sólo miedo, anota La Boétie en su Discours de la servitude volontaire, ya que nuestro consentimiento es requerido. Y ese consentimiento puede ser retirado en forma no violenta.” El Estado fascista-populista es una monstruosidad insaciable; no puede sobrevivir por largo tiempo si se le quita su alimento cotidiano.

Y si nos roza la fortuna, si derribamos al tirano, sea nuestra consigna sólo dos palabras: never again, nie wieder, mai più, plus jamais. Nunca más.

Hadrian Bagration

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Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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