Historia

François Bouchot: Bonaparte y el Consejo de los Quinientos, 10 de Noviembre de 1799 (1840). Palacio de Versailles.
François Bouchot: Bonaparte y el Consejo de los Quinientos, 10 de Noviembre de 1799 (1840). Palacio de Versailles.

El 19 Brumario del año VIII de la República, a las cuatro de la tarde,  Bonaparte intenta pronunciar un discurso triunfal en la sala que aloja al Conseil des Cinq-Cents. Sólo cuatro granaderos lo custodian. Linglet, que apenas una hora antes lo había acusado de violar la Constitución, empuña una daga y apuñala a Bonaparte por la espalda. Bonaparte cae hacia adelante, aferrándose a la toga de uno de los diputados. Su hermano Lucien, que observa la escena desde una ventana, huye. Grita a Murat que Bonaparte ha sido asesinado y que todo está perdido. Sieyès y Ducos lo siguen, intentando confundirse en el tumulto. Los granaderos son golpeados y expulsados por los diputados. Bonaparte se desangra en el suelo; en unos minutos habrá muerto. Los diputados, alarmados por la sangre y el hedor del conflicto, derriban la puerta en la huida. El cadáver de Bonaparte quedará abandonado hasta la noche, cuando una partida de mozos de establo lo recoge. Fouché, que había prometido encabezar su policía política, comienza la persecución de sus partidarios. En pocos meses, la muerte será olvidada, quienes lo siguieron y fueron encarcelados serán liberados. Ya no se hablará más de Bonaparte.

En Octubre de 336 AEC, Pausanias de Orestis lanza su puñal contra Filipo II de Macedonia y falla; el filo resbala sobre la túnica de Filipo y la herida es leve. Pausanias intenta escapar, pero es capturado y torturado. Revela la complicidad de Átalo, Pérdicas y Leonato, entre otros nombres, pero el primer hombre al que delata es a Alejandro, hijo de Filipo; también a su madre, Olympias. Filipo arroja a la mujer a un hoyo repleto de serpientes. Casi con dolor, hace decapitar a Alejandro. Como un viudo, lucirá luto por él antes de emprender una tímida conquista del Asia.

Hacia el año 30 de la Era Común, a principios de Abril, un hombre es reo de muerte en Judea. Pilatos interviene antes de la crucifixión: es Pascua y el humor del pueblo es bueno, no querrá que una ejecución ensombrezca la fiesta. El Sanedrín insiste, pero Pilatos amenaza con las legiones, y los varones santos callan. Manda liberar al prisionero. Éste deambula por las calles, azorado. Grita a quienes huyen de él que es hijo de Dios y que es su destino morir en la cruz para regresar, en gloria, a la vida. Lo creen loco. Ruega a los soldados, una y otra vez, ser sometido a suplicio. Hartos de él, lo expulsan de la ciudad. Acaba sus días en los campos, solo y envejecido, alimentado con restos, aullando como lobo.

H.B.

 

 

 

Categories: Lentitudes

Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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