Aquae Sextiae

Giovanni Batista Tiepolo: Batalla de Vercellae, 1725. Metropolitan Musueum of Art, New York.
Giovanni Batista Tiepolo: Batalla de Vercellae, 1725. Metropolitan Museum of Art, New York.

Razonemos que en el año 102 antes de la Era Común Cayo Mario es derrotado por teutones y ambrones en las cercanías de Aix-en-Provence, y que ello les abre a los bárbaros el camino a Roma. Mario comete suicidio. Los romanos, al anoticiarse de esta catástrofe, huyen de la ciudad hacia el sur; se refugiarán en Calabria y Sicilia; nadie los perseguirá. Los esclavos, por el contrario, se apresuran a saludar a quienes creen sus libertadores. Amarga es la sorpresa cuando los germanos les revelan que también ellos necesitan servidores y que sus cadenas no se romperán. Lentamente, los bárbaros ocupan la ciudad y los alrededores. Al principio se ven gestos de exageración: se juguetea con reliquias, se martiriza a los rezagados, se incendian casas y templos. El tedio de la civilización hace su trabajo. Los meses obligan a los nuevos amos a preocuparse por el alimento, a sembrar, esperar, ahorrar. Los hijos de los conquistadores comienzan a acostumbrarse al lujo. Manos anónimas ofrecen tímido tributo a Júpiter. En una asamblea, un orador se sorprende al usar para sí y para su tribu el nombre de Roma.

Transcurren los años, son sucedidos por los siglos. Nadie creerá en la derrota de Mario en Aquae Sextiae, los volúmenes hablarán de una gran y providencial victoria. De teutones y ambrones no ha quedado memoria; desde hace tanto se llaman a sí mismos, orgullosamente, romanos. Las nuevas invasiones, cuando lleguen, los encontrarán huyendo hacia el sur, hacia la soleada campaña de Calabria y Sicilia; nadie los perseguirá.

H.B.

Categories: Lentitudes

Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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