Crane en Sullivan County

You can tell nothing unless you are in that condition yourself.

Stephen Crane

Autor desconocido/Publicado en Kurz & Allison: Batalla de Chancellorsville, 1890. Library of Congress.
Autor desconocido/Publicado en Kurz & Allison: Batalla de Chancellorsville, 1890. Library of Congress.

A sus veinte años y tres días, el 3 de Noviembre de 1891, Stephen Crane, buscando cobijo y trabajo en Sullivan County, cerca de New York, oye el estampido de un revólver y se apresura a correr hacia la calle. Ve un tumulto, que se arremolina alrededor de una media docena de hombres. Tres de ellos sujetan a un individuo alto, de cara enrojecida por la furia, cabello oscuro, gafas gruesas. De su boca brotan imprecaciones. Otro hombre se arrodilla junto al que yace en el piso; del pecho mana un hilo de sangre que empieza a transformarse en torrente. El hombre herido respira con la dificultad de los moribundos y aferra la mano de quien le ofrece ayuda inútil. Sin esperarlo nadie, un segundo grupo de hombres se abre paso entre los curiosos; intentarán liberar al que es prisionero. Hablan, de nuevo, las armas. La gente, dominada por el pánico, huye.

Crane no ha decidido permanecer y contemplar la escena; ésta se desarrolla, veloz y cruel, como la Historia, sin que Crane pueda hacer otra cosa que resignarse a ser espectador. Los hombres se enfrentan en grupos desordenados que se disparan entre sí. Varios caen pero continúan el combate desde el suelo. Se apaga el estruendo; alguna que otra bala ha silbado no lejos de Crane. En la calle sólo hay, ahora, cadáveres; el último en morir es el primer hombre que fue herido, y cuya agonía fue testigo de esa batalla mínima. La policía llega con retraso, pero Crane prefirirá volver a su hogar y a la ignorancia de las causas de esa guerra anónima. Esa noche soñará con soldados.

En su mente, es claro, ha nacido la idea.

H.B.

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Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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