Eclesiastés III

Ec.: 7, 26

José de Ribera: Duelo, 1636. Museo del Prado, Madrid.
José de Ribera: Duelo, 1636. Museo del Prado, Madrid.

« Larabee tuvo entonces una idea: ya que los hombres estaban demasiado ocupados buscando oro, bebiendo o jugando y perdiendo lo poco que ganaban tras semanas de trabajo intenso en minas y ríos, haría pelear a las mujeres. Intentó convencer a bailarinas y prostitutas, pero se burlaron de él. How come a lady is going to fight like a man?-le repetían. Larabee no se arredró; tenía dos hijas, Constanza y Shelly. Un par de lecciones en el arte del box bastarían. Publicitó el combate durante un mes, prometiendo que las jóvenes reñirían desnudas hasta la cintura. El día fijado, un miércoles por la tarde, el salón de Larabee estaba atestado. Shelly era la menor, pero era más alta y fornida; Larabee había acentuado las diferencias para que todos apostaran por ella. Había instruido a Shelly a arrojarse al piso luego del sexto round; como único apostador por la débil Connie, haría buen dinero. Para darse valor, las chicas habían bebido un par de tragos. Al verlas subir al ring, Larabee comprobó con horror que estaban ebrias; ninguna atinaba más que a lanzar algún que otro golpe al aire. Al principio la audiencia rio a carcajadas, luego comenzaron los abucheos. Hartos de sentirse burlados, los rudos muchachones que habían venido a ver un combate de box destrozaron el lugar. Larabee debió huir para no ser linchado.”

“Volvió, cubierto de deudas, sólo para trabajar como buscador de oro, en la última pobreza. Antes, vendió a sus hijas a un burdel; las recompraría cuando le devolviesen el total de lo perdido. Jamás regresó.”

Francis Bret Harte: Californian Sketches, en el The San Francisco Californian, 1864.

H.B.

Categories: Lentitudes

Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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