Una rosa y Milton

…esa flor silenciosa, la postrera 
rosa que Milton acercó a su cara,
sin verla.

Borges: Una rosa y Milton

William-Adolphe Bouguereau: Alma llevada al cielo, 1878. Colección privada.
William-Adolphe Bouguereau: Alma llevada al cielo, 1878. Colección privada.

Superado el sueño de la muerte, John Milton arriba al Reino y es declarado probo. Preparado para morar entre los justos, se le informa que, a la espera del Juicio, es su rutina transcurrir en la Eternidad en posesión, de entre todas las viejas cosas queridas, de sólo una. Milton, que fue ciego, anhela la rosa que una vez acercó a su rostro y que no vio. Le preguntan si es su deseo ser acompañado de su vasta y profunda obra. Milton juzga a sus versos dilatados e imperfectos; quiere a la rosa. En su mano alguien deposita la flor.

Milton desespera: la rosa está allí, su piel puede sentirla, pero sus ojos, a los que ahora baña la luz, nada ven. Algo fatigados, ángeles y santos le advierten que en los cielos nada de lo que en el mundo fue puede ahora ser distinto: sus ojos ven, pero los objetos que en su vida fueron oscuridad serán para él, en la Eternidad, invisibles. Le aseguran que no está en los infiernos, que no es víctima de burla o engaño, y que tal es la naturaleza del Jardín.

Milton, con la voz quebrada por la amargura de la Gracia, pide regatear con Dios. Le responden que, al igual que la rosa en su mano, Dios fue para él (para todos los hombres) oscuridad en la tierra, que lo seguirá siendo en el cielo y que es, como Milton, ciego, y prefiere una rosa, cualquiera, a su Creación, a la que juzga dilatada e imperfecta, mientras aguarda, sin esperanza y acompañado de alguna vieja cosa querida, el Juicio.

H.B.

 

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Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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