La muerte del Jardín

Thomas Cole: The Garden of Eden,1828. Colección privada.
Thomas Cole: The Garden of Eden,1828. Colección privada.

Firme en su deseo de reencontrar al espíritu de Sir Simon de Canterville una vez cruzado el umbral, Virginia Otis, cargada de años y de cenicienta belleza, se inclina antes unos ángeles de aspecto oscuro que la reciben en lo que supone es el Edén y les rinde homenaje. Las criaturas observan la nada, rígidas y cabizbajas. Virginia se alarma. Inquiere acerca de sus padres y algunos amigos, que la han precedido en la partida, pero las respuestas no llegan. Acercándose a ella, lenta y fatigadamente, divisa a Sir Simon. Es hacia él que corre. Sir Simon la recibe con terror desganado. Virgina pregunta: ¿No halló la Muerte en vos satisfacción, Dios no os ha perdonado? Sir Simon preferiría callar, pero siente que debe desplomar sobre Virgina la revelación: el Paraíso ha muerto. Virginia intenta no creer en esas palabras, con la fuerza con la que se obligó, en la tierra, a ser creyente. Sir Simon insiste: la insta a mirar a su alrededor. Todo es desolación. Sir Simon la toma entre sus brazos y, cansina y dolorosamente, habla:

“Creados imperfectos y frágiles, Eva y Adán, alimentados por el árbol de la vida en el Jardín, renacieron invulnerables e inmortales. La humanidad fue salva a través de su unión, que agradó a Dios. Sólo un ángel, celoso de la preeminencia del hombre por sobre seres infinitos y alados, de la carne por sobre el espíritu, se rebeló. Descendió al mundo y se proclamó hijo del Altísimo. Exigió adoración. Su nacimiento principió la caída. Su muerte fue la muerte del Edén, porque el Paraíso es la suma de todos los ángeles, y la perdición de uno es la descomposición de todos. Ahora esperamos, querida Virginia, amada Virginia, un salvador, que Dios prometió, para que deshaga la memoria del pecador volviéndolo a la vida y resucitando el Jardín y borre la atrocidad de la encarnación. Quizás seas tú. Ruego que seas tú.”

H.B.

 

Categories: Lentitudes

Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

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