Procesión II

share2

El avión parte desde München hacia las cinco de la tarde del 24 de Febrero de 2015. El tiempo es duro: el sol no asoma desde, quizás, una semana en el pasado y la lluvia es ligera pero persistente. Es preciso descender en Düsseldorf y esperar, por alguna razón misteriosa, más de lo acordado. Ginebra finalmente se desnuda bien entrada la noche, como quien se prepara para algún acto con sigilo.

La Gare de Cornavin desierta, sólo queda acercarse al Age d’Or, el café falsamente barroco que se oculta casi detrás de la basílica de Notre Dame de Gèneve. Loïc, quien es, previsiblemente, bretón, intenta convencerme de pasear por las calles aun a esas horas mientras no se apresura a servirme. Han de ser las tres o cuatro de la mañana cuando cruzo de nuevo las puertas del hotel. El conserje ensaya una breve conversación. Hay cierta pereza en Ginebra.

share3

Despierto a las nueve. Mientras dudo acerca de qué camisa usar, frente al espejo, me invade una línea de Wilde; es Lady Bracknell: You seem to be displaying signs of triviality. Dejo que escoja la ropa el ordenado azar. El tranvía cruza Isaac-Mercier, luego se eleva sobre el Ródano, luego sobrepasa Stand, luego se detiene en Cirque, luego llega a Plainpalais. Un mercado sin puestos, sin comerciantes, sin compradores; quizás el mercado perfecto. El mapa me invita a retroceder: diviso el Conservatorio, el Grand Théâtre, siento que la Vielle Ville está cerca, pero debo girar a la izquierda y toparme con la Rue des Rois. Hay una pequeña florería frente al lugar que busco. Pido una rosa amarilla: sólo pueden ofrecerme una anaranjada y un ramo de flores amarillentas, quizás unos claveles.

share 7

Son las once de la mañana del 25 de Febrero. El sol ha eludido el cerco de nubes y se desintegra sobre el pasto como líquido roto. El frío es amistoso. Hacia el fin del sendero que imita a la Rue de la Synagogue y que acaba en 23- Août, en la vera izquierda desde el rumbo central, junto al yew tree, está Borges. Si este sitio ha sido su elección, fue un acierto: el silencio es inmenso, las ausencias casi no son interrumpidas, la muerte descansa en paz. El lugar es, sin proponérselo, sin serlo, un templo. Borges está solo. Así lo hubiera querido.

Al mediodía camina hacia mí la persona con la que hemos pactado el encuentro. Estrecha mi mano: Like a good king, you have kept your word. Agradezco el saludo. Reconozco el regreso de Wilde, que me había visitado en la mañana; me habla a través de Herodes: Kings ought never to pledge their word. If they keep it not, it is terrible, and if they keep it, it is terrible also. Sonreímos. Cada quien coloca una flor a un lado de la tumba. Nos vamos, como quien se desangra.

share 8

HB

Fotografías de HB

Categories: ImpurezasTags: ,

Hadrian Bagration

Hadrian Bagration is a humble and avid reader and perhaps an author. He pleads guilty to a few titles. He is also an enthusiastic but somewhat negligent follower of such intellects as those of the early Sartre, Albert Camus, Harold Bloom, Jorge Luis Borges, the French encyclopaedists, epistemologist Mario Bunge, Richard Dawkins and the insufferable (in today's ludicrous politically correct view) paleontologist Peter Ward. Beyond the above, and besides a vague vital skepticism and abhorrence of the cult of zeal, he is known for being unremarkably collected.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s